Marta Peirano: “Facebook o Tik Tok son como paraísos fiscales: operan por encima o por debajo de la ley”

13 enero, 2021
foto de Marta Peirano, experta en tecnología

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Marta Peirano, periodista y escritora, ha trabajado en las secciones de Cultura de varios medios de comunicación españoles. Sin embargo, cuando la invitan a charlas TED o al programa LATE MOTIV es para hablar sobre seguridad y privacidad en internet. Las suyas no son buenas noticias. Autora del libro El enemigo conoce el sistema, el pasado 2 de diciembre participó en la mesa redonda de la III Jornada sobre Tendencias en Sociedad Digital coorganizada por los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC y el CEJFE. Aprovechando el evento, pudimos charlar un buen rato con ella en una conversación que interesará a todos los amantes y estudiantes de comunicación y social media.

Parece que el confinamiento municipal aceleró la decoración navideña de los hogares catalanes al último fin de semana de noviembre. Mucha gente colgó fotos en Instagram. ¿Los algoritmos de Facebook, propietaria de Instagram, pudieron prever eso? 

Obviamente, no lo sé. Solo Facebook sabe lo que está en sus algoritmos. Pero, sabiendo que son algoritmos predictivos de inteligencia artificial, si esas personas, y personas con las que se relacionan, o de perfiles similares, hicieron eso el año pasado, y el anterior, y el anterior… los algoritmos probablemente lo sabían. Además, los algoritmos de Facebook no solo se fijan en la base de datos anterior, sino que también valoran el comportamiento del mercado. Si ha habido un Black Friday, y un Cyber Monday, en los que salen rebajas locas para que la gente compre las cosas de Navidad… pues las posibilidades de que eso pase son bastante altas. 

¿Quizás, también, lo supieron otras aplicaciones instaladas en los móviles, a través de los micrófonos de los dispositivos?

Mucha gente piensa que aplicaciones como Instagram te escuchan y luego te ofrecen publicidad de cosas que tú has dicho. Una vez más, como esos algoritmos y esas operaciones en esos servidores son completamente opacos, no podemos saber si nos escuchan o no. Lo que sí sabemos es que, cuando instalamos esas aplicaciones, nos piden permiso para usar el micrófono. Eso significa que les damos permiso para activarlo. Entonces, no sabemos si nos escuchan, pero sí sabemos que pueden hacerlo y que además les hemos dado permiso. Y lo mismo con las cámaras, los sensores o la geolocalización… Si saben dónde estamos, a través de los sensores pueden inferir lo que estamos haciendo. Y si saben con quién estamos, porque gente a nuestro alrededor también tiene sus móviles encendidos y probablemente tiene las mismas aplicaciones, entonces pueden inferir un montón de cosas.

La mesa redonda online en la que participaste se celebró con Zoom, una aplicación que ha saltado al estrellato con la pandemia. Reuniones, formaciones, o incluso visitas de psicólogos se hacen hoy en día a través de Zoom. Abrí Zoom en un ordenador en el que no lo hago habitualmente y fue superfácil entrar en la mesa redonda para escucharos y veros. ¿Todo lo que hablasteis, todas esas imágenes y audios… también se convertirá en datos?

Sí. Absolutamente. Para empezar… ¿Tú has pagado, por Zoom?

No, nada.

Videollamada por Zoom.

Aha. Zoom hace un año tenía 400.000 clientes y estaba bastante circunscrito al espacio de las empresas, a las cuales ofrecía un servicio de pago para que hicieran reuniones, comunicaciones a distancia… De repente, hace 6 meses, se encontró con 40 millones de usuarios. La gente empezó a usar Zoom para todo: ir a clase, a clase de yoga, al psicólogo, al abogado… Se ha colado en un montón de espacios en los que antes no podía entrar. En la educación, las personas menores no deberían ser usuarias sin permiso oficial, específico y certificado de sus padres. Toda esa información, efectivamente, se convierte en datos. Y lo que tú le cuentas al psicólogo probablemente sea muy poco interesante para nadie, pero el hecho de que una empresa sepa que te estás conectando con un psicólogo, ya es un problema. La geolocalización es un metadato, un dato acerca de los datos, que tiene mucho más valor que prácticamente cualquier otra cosa.

(…)

Nos obsesionamos con los contenidos, decimos que no queremos que nadie lea nuestros mensajes. Pero la información más valiosa no es exactamente esa. No somos tan especiales. Lo interesante es dónde estamos, a quién le mandamos el mensaje, si nos contesta, antes o después de hacer qué… Solamente el hecho de que te conectes al despacho de un psicólogo una vez por semana durante 6 meses, te puntúa en negativo a la hora de conseguir ciertos trabajos, porque en un mercado laboral en el que la oferta es mucho menor que la demanda, las empresas de Recursos Humanos son unas de las grandes consumidoras de datos. Y si tú estás yendo al psicólogo, tus posibilidades de caerte en la primera línea de la criba son bastante altas.

¿Y eso podría llegarlo realmente a saber una empresa de Recursos Humanos…?

Claro. A mí la gente me dice: ‘Me preocupa mucho que la CIA sepa sobre mí, o que la NSA sepa sobre mí’. Bueno, pero tu problema real, tu problema más gordo, no es la CIA. Tu problema es lo que, en China, pasa abiertamente.

¿Con esa especie de carné de puntos?

Exacto, el Sistema de Crédito Social. Si tú eres mal ciudadano, vas perdiendo puntos de ciudadanía. Quizás te despiden del trabajo, o tu hijo tiene que ir a un colegio menos guay. Si quieres subir… Ya sabes lo que tienes que hacer. Y aquí nos pasa lo mismo, pero de manera completamente opaca. Hay una industria, los Brokers de datos, que se dedica a comprar datos de este tipo… Imagínate, por un momento, que Zoom quiebra… Entonces, ¿qué tiene Zoom para vender? Datos. Todas las empresas tecnológicas que se van al garete, o las aplicaciones… en general tienen los datos como valor para poder vender. ¿Y quién se los compra? Pues los Brokers de Datos, que los revenden. Y unos de los grandes compradores son las empresas de Recursos Humanos, para que, cuando echas el currículum, haya un sistema de criba. 

La legislación europea de protección de datos topa con otras leyes de propiedad intelectual que hacen imposible acceder a los algoritmos que manejan las corporaciones privadas. A su vez, las grandes potencias se intrincan con las corporaciones porque los datos son poder. ¿Necesitamos un tratado global para regular su actividad? 

Se solía decir que Estados Unidos inventa, China copia y Europa regula. En Europa nos hemos especializado en quedarnos retrasados en el desarrollo de I+D y en estar muy adelantados en la regulación de las nuevas tecnologías. Por mucho que exista la ley de protección de datos, que es ejemplar y la más estricta del planeta, no podemos implementarla realmente. Primero, porque no podemos monitorizar si se cumple o no. Segundo, porque no podemos financiar investigaciones sobre ello: TikTok, con 700 millones de usuarios, o Facebook, manejan una cantidad de información tan grande que solamente ellos tienen la máquina que se requiere para procesar esa información. Yo las comparo con paraísos fiscales, infraestructuras que se han creado para que se opere por encima o por debajo de la ley, a donde no tenemos acceso. Estamos completamente desvalidos.

En este sentido, Trump tuvo una idea que en la mesa redonda pusiste en valor.

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A través de dos órdenes ejecutivas gubernamentales, Trump obligó a ByteDance, la empresa china propietaria de TikTok, a vender toda la parte de su empresa que corresponde a los usuarios estadounidenses a una empresa de los Estados Unidos. Él no lo hizo en pro de la soberanía tecnológica, lo hizo porque los usuarios de TikTok reventaron su primer mitin después de la cuarentena, y estaba muy enfadado y quería castigar a TikTok de forma ejemplar. Y encontró la excusa perfecta. ¿Qué pasa? Que su excusa perfecta, que probablemente TikTok espía a los ciudadanos estadounidenses para el gobierno chino, no la puede demostrar. Pero nosotros sí.

Nosotros podemos demostrar que el gobierno estadounidense utiliza Facebook, Google, Apple y Microsoft para espiar a ciudadanos españoles, europeos, e incluso a Angela Merkel, para el gobierno estadounidense. Tenemos las pruebas de que esto es verdad. Así que tendríamos la excusa perfecta para resolver uno de los principales problemas logísticos: hemos desarrollado una gran dependencia de plataformas que nos ofrecen servicios cruciales, como por ejemplo la posibilidad de una educación a distancia, la posibilidad de mapear un lugar donde hay un incendio y localizar a las personas, de comunicarnos o de rastrear a las personas que han dado positivo en Covid… Esas plataformas se han convertido en infraestructuras críticas, y creo que tenemos que socializarlas. Las infraestructuras críticas, por definición, deberían ser públicas. 

Pero luego no hay negocio…

Pero lo público no es un negocio, lo público es crítico para que la sociedad esté a salvo y se pueda desarrollar. Para eso sirven los gobiernos. 

¿Se puede entonces obligar a una empresa a hacer eso?

Donald Trump lo acaba de hacer.

En nuestras rutinas diarias, solemos ir rápido al aceptar cookies o políticas de privacidad, quizás porque leerlo bien es mucho rato, o porque no lo acabamos de entender, o porque no sabemos qué opción es mejor, o porque directamente sucumbimos. Individualmente, y a nivel comunitario, ¿qué podemos hacer en nuestro día a día para sentirnos un poco más a salvo? 

Yo pienso que no es un problema individual. Lo comparo siempre con el cambio climático porque, aunque tú recicles, y no cojas aviones, y no comas carne, y no tengas hijos, y tengas un consumo monacal, y no contamines porque no tienes coche… No te vas a salvar del cambio climático. Esto es un problema a un nivel mucho más alto. Muchas veces, no puedes elegir no tener un teléfono móvil y no tener ciertas aplicaciones en él, porque a lo mejor llevas a tus hijos a un colegio donde el grupo de padres y madres usa WhatsApp para comunicarse. O vas a trabajar a una redacción donde se usa WhatsApp, o Trello. O resulta que te dedicas a dar conferencias y no puedes no tener Zoom, que es lo que me pasa a mí. Pero sí que puedes hacer una serie de cosas. Te voy a decir cosas que he probado y que tienen un impacto sobre mi vida individual y sobre mi comunidad.

Vamos.

La primera es no tener las aplicaciones en el móvil si lo puedes evitar. Yo tengo una cuenta en Twitter y una en Instagram, y no tengo las aplicaciones en el móvil, lo cual significa que, cuando uso el móvil para acceder a estas aplicaciones, pues me voy al navegador, pongo instagram.com, o twitter.com, y entro… como lo hacíamos antes.

Y luego es cuando te proponen que te bajes la aplicación.

Claro. Si no lo haces, lo primero que notas, es que la usas mucho menos. Porque es extremadamente pesado usar la aplicación a través de la web. Ellos quieren que te instales la aplicación, porque una vez te la instalas, tienes el bicho dentro, por decirlo llanamente. Es a la aplicación a la que le das permiso para que use tu cámara, tu micrófono, tus sensores… Y, si no te bajas la aplicación, te encuentras con que usar el servicio sin App es muy desagradable. Entonces, yo me he acostumbrado, en lo individual, a no usar las aplicaciones, y cada vez que me resulta incómodo, pienso… ‘Esto es la resistencia’ [se ríe]. Y me siento orgullosa. He conseguido que la incomodidad de no usar la aplicación sea agradable.

Apuntado.

La segunda cosa, a nivel de comunidad: como muchas veces se usan estas aplicaciones y servicios por defecto, está bien proponer, en el trabajo, en la familia, o en el grupo de amigos, que usemos aplicaciones que no nos espían, que son de software libre, que están monitorizadas, que se puede comprobar que hacen lo que dicen que hacen y nada más. También se me ocurre empezar a esperar que los candidatos a liderar cualquier tipo de cosa que nos afecte, desde la comunidad de vecinos hasta la Moncloa, contemplen estas cosas. Hace dos años, cuando de repente tuvimos un montón de elecciones seguidas, me llamó mucho la atención que, en Estados Unidos, las primarias estaban muy dominadas por el tema tecnológico, y sin embargo en España nadie hablaba de eso. 

¿Qué debemos saber sobre la tecnología 5G? ¿A qué debemos estar atentos?

Huawei

5G es una infraestructura que ofrece una conexión mucho más rápida y de lado a lado. Eso significa que, en lugar de estar gestionada, en sus diferentes tramos, por diferentes empresas, como pasa ahora, con el 5G una sola empresa te ofrece una solución global. Hay un montón de países que no se quieren quedar fuera, porque se vende como una nueva revolución, una infraestructura crítica de todos los aspectos de la vida social y pública de un país: Transporte, Sanidad, Educación… ¡Defensa! Y cuando esa empresa global es, por ejemplo, la china Huawei, que ofrece una rebaja como del 60%, hay países que le dicen que sí. ¿Podemos depositar esto en manos de una sola empresa, que además es china y responde a un gobierno que aprobó una ley por la cual toda la información que procesa cualquier empresa china es susceptible de ser utilizada por ese gobierno…? Parece irresponsable. Estamos hablando del desarrollo de una infraestructura pública, que en el caso de la UE debería ser soberana europea. 

¿Y hay esperanza?

Sí. No es un problema técnico. Es administrativo y político. Tiene que existir la voluntad política de utilizar los recursos que tenemos para implementar esas soluciones de manera local. 

Para ir terminando, esta entrevista es para los Estudios de Comunicación e Información de la UOC, así que puede ser interesante saber qué te llevó a especializarte en privacidad y seguridad en internet…

Siempre he tenido una inquietud técnica bastante intensa, me gusta mucho saber cómo funcionan las cosas, y cuando era muy joven, tuve la suerte de entrar a forman parte del equipo de colaboradores del suplemento de tecnología de El Mundo, que se llamaba Ariadna y que ya no existe. Fue en los 90. En ese momento se configuraba ya una revolución a la que llamábamos informática, pero que ha sido industrial: internet. He tenido la oportunidad de seguir su desarrollo desde sus inicios y he tenido la suerte de relacionarme con personas con inquietudes técnicas muy poco comerciales. Nunca he tenido tiempo de aburrirme, aunque también he dirigido secciones de Cultura, porque en realidad soy de letras. Me parece que son las dos cosas que explican el mundo. Las infraestructuras y la tecnología, por un lado, y por el otro las historias que nos contamos a nosotros mismos, que son la literatura, el arte y la política. 

¿Te sientes cómoda definiéndote como periodista y activista? ¿Cómo entiendes la relación entre ambos conceptos? 

No me siento cómoda definiéndome como periodista-activista. Sin duda, soy las dos cosas. Pero cuando trabajo como periodista, soy periodista. Y mi activismo también está muy vinculado a la tecnología, por el simple hecho de que pienso que es un tema crucial en lo que se refiere al poder y a cómo nos afecta en nuestra vida cotidiana. Creo que es importante que la gente conozca los sistemas de los que depende, y he dedicado mi vida a eso. Si eso es activismo, entonces todos los periodistas son activistas, porque el trabajo del periodista es explicar las cosas. Y he tenido la suerte de poder dedicarme a explicar cosas que me parecen cruciales. 

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