Diseño tecnopolítico

5 mayo, 2021
Diseño

Se ha dicho históricamente que el diseño no debe detenerse en la reflexión política ni en los movimientos sociales de la época. Lo cierto es que, aunque no se realice esta reflexión, diseñar algo es tomar decisiones, y estas decisiones afectarán la vida de las personas para bien o para mal. Entonces, ¿el resultado de un diseño condiciona la vida de las personas?, ¿un objeto es capaz de generar un gusto determinado?, ¿un material escogido para un diseño puede perjudicar el ecosistema natural?; como profesionales del diseño, ¿tenemos alguna responsabilidad en el cambio climático?

Diseñar es un acto político. La trazabilidad de la vida de un envase de plástico nos puede ilustrar el mundo de objetos que hemos desencadenado. Un botellín de agua es capaz de visibilizar el impacto que pueden tener ciertas decisiones en nuestro mundo hiperconectado global e interdependiente. Embotellar el agua fue el primer paso, sin duda, un paso muy lucrativo para empresas, que tiene efectos prácticos para muchas personas en un momento determinado.

Estamos viviendo una era dorada del diseño que expande sus imaginarios más allá de la parcela de profesionales clásicos ligados a lo gráfico, industrial y arquitectónico.

El botellín de agua necesita de diseño industrial, gráfico, publicidad e ingeniería; todo un ecosistema productivo del universo diseño. Solo este objeto es capaz de convertirse en el símbolo de la irresponsabilidad del ser humano y de sus efectos negativos en los mares y ecosistemas naturales. ¿Somos conscientes desde las universidades y escuelas de diseño de que la decisión de diseñar un envase de plástico afectará tanto nuestra vida en el planeta?

Podríamos de igual manera hacer una lista de los beneficios del diseño de un botellín de agua. Es en este punto donde deberíamos tener un análisis político de nuestras decisiones y entender la forma de generar un balance entre ventajas y desventajas de los resultados de un diseño. Este tipo de análisis es muy escaso en la historia del diseño de objetos.

El diseño es tecnología por defecto

Si tomamos en cuenta que la práctica del diseño no puede ignorar los desarrollos tecnológicos digitales, pues el mismo mercado la arrastrará hacia allá, y si estamos de acuerdo en que la avalancha tecnológica de nuestra era es un fenómeno geopolítico, debemos concluir que el diseño actual es tecnopolítico por defecto. ¿Qué quiere decir esto? Que el diseño, o lo que diseñamos, no es ajeno a los cambios estructurales en la sociedad global, con sus crisis incluidas. Quiere decir que el acto de sumar un nuevo objeto al mundo lleva consigo una responsabilidad ligada al ecosistema natural, social y político. 

¿Somos conscientes desde las universidades y escuelas de diseño de que la decisión de diseñar un envase de plástico afectará tanto nuestra vida en el planeta?

Podemos llevar a cabo el ejercicio de pensar en el consumo energético. Si todos los objetos los diseñamos para que estén conectados, debemos asumir que cada objeto aumentará el consumo energético local y la producción de baterías para dichos artefactos; todo esto con un efecto global en la producción de dichas baterías y en el impacto ambiental de dicho consumo energético. Un diseño contemporáneo interesante al que le atañe este tema es el scooter, el patín eléctrico que recientemente ha comenzado a invadir nuestras ciudades. 

Aquí podemos citar el ejemplo de JUMP:

«JUMP, un pack de bicicleta eléctrica y scooter, o de cómo Silicon Valley quiere todo el pastel. Uber no es una empresa de taxis, es una corporación dedicada a cambiar la movilidad a nivel global con las nuevas reglas del capitalismo de plataforma. En el caso de JUMP, el emporio californiano presenta una bicicleta y scooter dentro de su gama de servicios de movilidad. La aplicación para compartir taxis ha lanzado una flota de bicicletas y scooters eléctricos “inteligentes”. Las bicicletas, con pedaleo asistido, autodiagnostican fallas, responden a cambios geográficos en tiempo real e implementan automáticamente el cumplimiento de los límites de velocidad. Los usuarios pueden encontrar y alquilar una bicicleta usando la aplicación Uber en el Reino Unido. Con este proyecto podemos entender la relevancia que está tomando el mercado global de bicicletas y vehículos pequeños como el scooter». (Foglia, 2019)

Sin lugar a dudas, los patines eléctricos son artefactos fascinantes que están revolucionando la movilidad en las urbes. En esta revolución citadina de objetos que se desplazan por las calles, debemos detenernos en su impacto a varios niveles:

  • producción de baterías necesarias para alimentar los patinetes
  • reciclaje de estas baterías altamente tóxicas para el entorno natural
  • materiales para la fabricación de las baterías que son extraídos de países del sur global bajo un sistema de explotación desmedida
  • incremento del gasto energético
  • incremento de accidentes por la disonancia de las velocidades de la movilidad de las personas y los patinetes en las ciudades.

Este ejemplo nos sirve para ilustrar las interdependencias que genera la innovación en el diseño de la movilidad urbana y de las repercusiones de cambios en nuestras formas de vida. Muchas personas dirán que esto siempre ha sido así, y es verdad, lo cual no justifica que no hagamos una relectura de la profesión del diseño y seamos capaces de redibujar el rol de la profesión de cara a una sociedad que cada vez es más consciente del rumbo que debemos tomar.

El diseño puede pasar de ser un generador de hiperconsumo a una práctica tecnopolítica con conciencia y compromiso a diferentes niveles

Debemos darle importancia a esta reflexión si no queremos seguir siendo los profesionales que ejecutan un encargo sin conciencia ecológica, de clase o de género. Es tiempo de cuestionar a los diseñadores a sueldo del sistema hegemónico, sin criterio y sin participación política en los estilos de vida que estamos conformando.

El diseño es cada vez más visible en todos los ámbitos de la vida. Desde las políticas institucionales se ha acelerado la imagen del diseño como una profesión o actividad de cambio y mejora. Un sinfín de programas políticos incluyen planes de diseño de la ciudad del futuro y de su movilidad. Estamos viviendo una era dorada del diseño que expande sus imaginarios más allá de la parcela de profesionales clásicos ligados a lo gráfico, industrial y arquitectónico. Existen nuevos planes gubernamentales que incluyen la palabra diseño en sus títulos como: «Diseño de políticas públicas». Sin duda, la idea de lo que es el diseño en la mente de las personas se ha amplificado, y el verdadero reto es conectar la actividad intelectual y proyectual con la reflexión política con responsabilidad social. Si diseñamos algo, debemos tener claro que dicho resultado será un cúmulo de decisiones relevantes, quizás hasta invisibles, que cambiarán la forma en que nos relacionamos con la naturaleza, con la equidad social y con el orden global.

Por lo tanto, ¿cómo deberíamos diseñar los patinetes eléctricos siendo consecuentes con el impacto que tienen en la sociedad?, ¿los dejaríamos como el diseño de JUMP?, ¿no es relevante esta reflexión porque es solo un patinete?

Consideramos que estas preguntas nos llevan a un debate que va más allá de la forma y de la función, de la usabilidad del artefacto y de la estética. Estas preguntas nos acercan de una forma interesante a conformar la figura del diseñador como un ente intelectual con criterio social e impacto global. El diseñador debe tener claro que sus acciones conllevan cambios en la vida de las personas y que es fundamental reflexionar en esto. El diseño ha sido la maquinaria al servicio de la hiperproducción de bienes y servicios, y los resultados son cristalinos. Se han diseñado objetos por encima de nuestra capacidad de usarlos. Ha llegado el momento de entender que el diseño es tecnopolítico por naturaleza y, a partir de ahí, podremos dibujar una práctica que sea más consecuente con el mundo que nos ha tocado vivir y con el futuro que viene. Se ha hablado mucho de que el tiempo se nos ha agotado.

«Es necesario hacer frente a un problema que es, literalmente, de dimensión, de escala, de habitabilidad: el planeta es demasiado estrecho y limitado para el globo de la globalización, y demasiado grande, activo y complejo para ser contenido dentro de las fronteras estrechas y limitadas de cualquier localidad. Así, estamos rebasados por partida doble: por algo demasiado grande y por algo demasiado pequeño. Y, como resultado, nadie tiene respuesta a la pregunta de cómo encontrar un suelo habitable». (Latour, 2019, pág. 31)

La realidad es que estamos viviendo un tiempo diferente, en el cual el diseño puede pasar de ser un generador de hiperconsumo a una práctica tecnopolítica con conciencia y compromiso a diferentes niveles, que nos ayuda a lograr lo históricamente publicitado por el diseño: una mejor forma de vivir en sociedad y una relación más equitativa con nuestro entorno y con las demás personas.

En el año 2000 se celebró en Alemania la Exposición Universal de Hannover. Para la ocasión, el arquitecto William McDonough creó, en 1992, una guía llamada Los principios de Hannover. El documento se dirigía a los diseñadores encargados de la planificación de los pabellones y espacios de la Expo. Su intención era promover que los nuevos espacios construidos con motivo de la feria constituyeran realmente un desarrollo sostenible para la ciudad. El documento recoge las bases de la filosofía que McDonough y el químico Michael Braungart defienden desde hace años:

«que el diseño, la construcción y la producción industrial pueden mantenerse dentro de los procesos de la naturaleza, utilizando materiales completamente inocuos, creando edificios más agradables y eficientes, y produciendo bienes sin generar residuos o elementos tóxicos que degraden el medio». (Fuente: Los principios de Hannover).

El documento completo debate medidas concretas para la Feria de Hannover, a nivel de diseño y se destacan los principios generales de sus postulados, que se entienden como la base de lo que significa el diseño sostenible:

1) Insistir en los derechos de la humanidad y la naturaleza de coexistir en condiciones saludables, solidarias, diversas y sostenibles.

2) Reconocer la interdependencia. El diseño humano interactúa con el mundo natural, depende de él y tiene diversas consecuencias a cualquier escala. Aumentar el cuidado en el diseño hasta reconocer sus efectos incluso en la distancia.

3) Respetar las relaciones entre espíritu y materia. Considerar todos los aspectos de los asentamientos humanos, incluyendo la comunidad, la vivienda, la industria y el comercio, en términos de conexiones existentes y cambiantes entre la conciencia espiritual y material.

4) Aceptar la responsabilidad de las consecuencias, derivadas de las decisiones en diseño sobre el bienestar humano, la viabilidad de los sistemas naturales y su derecho a coexistir.

5) Crear objetos de valor seguro a largo plazo. No cargar a las futuras generaciones con los requisitos de un mantenimiento derivado de la creación descuidada de productos, procesos o normas.

6) Eliminar el concepto de residuo. Evaluar y optimizar el ciclo de vida completo de productos y procesos para abordar el estado de los sistemas naturales en el que no haya desperdicios.

7) Depender de los flujos de energía naturales. El diseño humano debería, como el ciclo de vida natural, derivar sus esfuerzos creativos del aporte perpetuo de energía solar. Incorporar la energía eficientemente y de forma segura para un uso responsable.

8) Entender las limitaciones del diseño. Ninguna creación humana dura para siempre, y el diseño no resuelve todos los problemas. Aquellos que diseñan y planifican deben practicar la humildad frente a la naturaleza. Tratar la naturaleza como modelo y mentor, y no como un inconveniente que eludir o controlar.

9) Buscar la mejora continua mediante el intercambio de conocimientos. Fomentar la comunicación directa y abierta entre colegas, clientes, fabricantes y usuarios para vincular las consideraciones de sostenibilidad a largo plazo con responsabilidad ética y restablecer una y otra vez la relación entre los procesos naturales y la actividad humana.

10) Avanzar. El futuro no se explica sin el diseño.

Autor / Autora
Diseñador y profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.
Comentarios
Alma6 mayo, 2021 a las 7:34 pm

Gracias por el artículo.

Pensando en los límites del diseño que señala el punto 8, se me plantea la duda sobre esa idea de que una creación no dura para siempre. Pensaba en el origami como un ejemplo en el que los diseños eran una especie de co-creación abierta a lo largo de diferentes generaciones en las que cada diseño evolucionaba a base de reproducir su creación de padres a hijos, haciéndolo de este modo cada vez más sostenible, al tiempo que incorporando al modelo cambios en base a las nuevas pautas culturales que se producían con el tiempo.

Me surge por eso la pregunta de si sería más sostenible un diseño si se pensara como diseño abierto, obra en proceso. en lugar de pensar en diseños finalizados. Realmente la necesidad de cerrar un diseño no sé si está puesta en su forma, o es solo un requisito del mercado con un modelo impuesto de copyright que no permite construir desde lo ya aprendido. Si esta hipótesis fuera acertada ¿podría ser un diseño con una licencia cerrada sostenible?

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